30 enero 2017

La escuela de los animales. George H.Reavis

Cuenta una historia que  varios animales decidieron abrir una escuela en el bosque.
Se reunieron y empezaron a elegir las asignaturas que serían impartidas durante el curso.

El pájaro insistió en que la escuela tuviera un curso de vuelo. El pez quería que la natación
fuera también incluida en el currículo. La ardilla creía que la enseñanza de subir en perpendicular a los árboles era fundamental. El conejo quería, a toda costa, que la carrera fuera incluida en la programación de la escuela.

 Y así siguieron los demás animales, sin saber que cometían un gran error.
Todas las sugerencias fueron escuchadas y aprobadas. Era obligatorio que todos los animales practicasen
todas las disciplinas.

 Al día siguiente se puso en marcha el programa de estudios.
Al principio el conejo salió triunfante en la asignatura de carrera, nadie corría tanto como él.

 Sin embargo los problemas empezaron cuando el conejo se puso a aprender a volar.
Lo pusieron en lo alto de un árbol y le ordenaron que saltara y volara.

El conejo saltó desde arriba, y el golpe fue tan grande, que se rompió las dos piernas.
No aprendió a volar y además, no pudo seguir corriendo como antes.

Al pájaro que volaba y volaba como nadie, le obligaron a excavar agujeros como a un topo, pero
claro, no lo consiguió. Por el inmenso esfuerzo que tuvo que hacer, acabó rompiendo su pico y sus
alas. Y así permaneció larga temporada sin poder volar, todo por intentar hacer lo que hace el topo.

La misma situación fue vivida por cada animal de la escuela, saliendo todos heridos.
Finalmente, la escuela tuvo que cerrar sus puertas.


¿Y saben por qué? Porque los animales llegaron a la conclusión de que todos somos diferentes. Cada uno tiene sus virtudes y también sus debilidades.


Un gato jamás ladrará como un perro, o nadará como un pez. No podemos obligar a que los demás sean, piensen, y hagan algunas cosas como nosotros. Lo que lograremos conseguir con eso es que ellos sufran por no conseguir hacer algo de igual manera que nosotros, y por no hacer lo que realmente les gusta”.

Debemos respetar las opiniones de los demás, así como sus capacidades y limitaciones. Si alguien es distinto a nosotros, no quiere decir que él sea mejor ni peor que nosotros. Es apenas alguien diferente a quien debemos respetar.



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